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Crónica de un provinciano. Parte 1 de cuatro.

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Antes de llegar a la Ciudad de México, soñaba con el simple hecho de vivir en una ciudad cosmopolita. Las calles largas, los edificios altos. Tantas cosas tan diferentes a lo que estaba acostumbrado. Antes de llegar a la Ciudad de México, tenía más de cuarenta amigos en Facebook viviendo aquí, platicando de manera diaria conmigo, estando en contacto. Antes de llegar a la Ciudad de México, tenía unas ganas enormes de residir aquí. Y bueno, en caso de que tú también estés viviendo lo que yo viví hace unos años, quisiera decirte sólo unas cuántas cosas antes de que te embarques a la aventura.
No, no toda la gente que tienes en Facebook son tus amigos. Así que si te vienes a vivir acá, con la esperanza de tener un círculo social más grande, por tener a muchos conocidos aquí, creo que en nada te va a funcionar. Las personas tienen una ideología muy alejada de los valores morales y de familia, algo arraigado en la gente de provincia, de manera que, si estás ligeramente guapo, sólo te buscará…

Noches de invierno.

Sentado en la acera, justo al lado de la calle.
Viendo al cielo, sintiendo el frío. La luz arde en la farola, y las sombras no paran de acecharme. 
Veo sin parar mi celular, como si esperara que escribieras Deseando que lo hicieras.  Y decirme que lo sientes, decirme que me amas.  Que aunque se que así me mientes, sería más fácil para mi.
Busco en los mensajes archivados, aquellos de días pasados,  pistas, varias, aunque sea sólo una  que me hagan creer, emocionar que indiquen eso que con ansias quisiera confirmar. 
Y me lleno la cabeza, de historias de papel que son lindas de escuchar, imposibles de alcanzar.
Tan cansado de probar, tan cansado de fallar.  Tan cansado de saber, que lo que jamás podrá ser, es lo que justo quiero.
Qué curioso es el amor, de que ves mi cara tan callada, sin el hecho de saber la tormenta que hay en mi interior.

Diez años.

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Es curioso llegar a un lugar que has abandonado hace casi una década, y aprovechar para echar un vistazo a lo que solías ser, escribir y buscar; una especie de álbum fotográfico, sin las fotos embarazosas.

The end...

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Y ya.

Quita la manera...

Despojame de aquello que me sobra.
En mi soledad y en la tuya.
Cambia las sinuosas contradicciones de mi pesado caminar.
Despojame de la ropa, y yo haré lo mismo con la tuya.
Porque anhelo tu perfume corporal.
Deshazte de la maña imberbe, porque de ti soy preso.
Ahorra las palabras, dejando el sentimiento intacto.
Tócame con tus dulces manos, en ocasiones peligrosas.
Rozo tu cabello, bellos hilos de gloria.
Que atraviezan el camino de la hermosura.

Inviertes mis entrañas, que avasallantes van.
Porque sin ti no soy nada, pues en mi cuerpo y mente estás.
Sin manera alguna de sacarte, dejarte u olvidarte.
Intacta por siempre, haciendo historia en mi narración.
Cae el sentido humano, dando paso a la característica carnal.
Pero en ti es diferente, porque no solo atracción es lo que siento.
Es lucidez, encanto y trémolo.

¿Qué me has hecho? ¿Cuál es tu secreto?
Sueños y realidades que viven en ti.
Que viven en mi, porque, si aún no te has dado cuenta, soy tuyo.
Ralentiza el pasar consta…

El sonido de la noche.

Brillo y resplandor que emergen de la obscuridad, en un intento desesperado de cortar el filo de el desgarrador paisaje. Encerrado en el baúl, el cual se encuentra arrumbado en la esquina polvienta y descuidada. Con coraje y sentimiento rompe los lazos que lo atan a tan disonante sollozo, esperando la maravilla fantasiosa que cumpla su lúdico deseo.


Observa, a lo largo del horizonte, aquella imagen penetrante y conformista de su primer sentido, con alegría silenciosa y húmedo sentir. Porque siente, vive, piensa y descubre las maravillas que le permiten recordar. Con mirada atrapada en el brillante firmamento. Pero él sabe que es sólo un engaño de su memoria, entintando su roto vislumbrar, poseyéndolo en un momento terminable con aires a interminable.


Memorias que salen en la obscuridad obtusa y envolvente, cuando el resplandor suave se va, y da paso a las pesadillas de su soledad. Y ve que es grande, saber prominente que deja rancio sabor en sus labios, con un pesar que obstruye y ap…

Aquí estoy...

Déjenme sacar mi pañuelito y mi sacudidor rosita, las telarañas de este, su blog, se estaban acumulando. Y no quiero decir que mi ausencia haya sido desconsoladora para ustedes (porque seamos honestos, no les importo), pero bien podría hablar sobre una de las cosas que más ha repercutido en este año que ya nos dejó. Estoy de rapidito -nunca de rapidín- y gustaríame escribir un poco de manera retórica e inentendible, justo como a ustedes, amados y escasos lectores, les gusta. Pero el tiempo ni el esfuerzo me ayudan a sacar el lado fanfarrón que escondo bajo mis canas. Siquiera a quién engaño, pues saben bien que no soy un vejete indefenso y mandilón.

La amistad es el lazo que nos unió, une y unirá en el resto de nuestra amainada vida, por lo tanto, creo correcto que le demos más importancia a la vivencia con aquellos seres que hacen amena nuestro modo de vivir, sea bien en una computadora, con quién no tienes contacto físico, o con los que rodean tu vivir. Cualquiera de los casos, lo q…