Crónica de un lunes cualquiera.



Te levantas con pesar, después de una plácida sesión de sueño que no habías tenido en noches anteriores. Vuelve a sonar la alarma del celular porque no la apagaste en el primer intento. Te quedas sentado en la cama pensando qué estás haciendo mal y hasta cuando vas a poder ser feliz. ¿A alguien más le ha pasado?

La insatisfacción laboral, en mi caso, no se limita a ser provocada por tener un jefe que le gusta hacer miserable la vida de los demás; no, más bien siempre aparece en el momento en el que siento que las labores que realizo no son visionadas o exaltadas por algún superior jerárquico. Es ese momento en el que te cuestionas si en realidad puedes tener futuro o crecimiento en dicha actividad.

Siendo objetivos y viendo las cosas desde una perspectiva fría, ¿por qué deberías tener algún incentivo extra para desarrollar el trabajo por el que se te está pagando? ¿Hasta qué punto es exagerado pensar que alguien no valora el esfuerzo cotidiano de tener que lidiar con la ineptitud de algunos colegas para poder entregar un producto de calidad?



Creo que todo se resume a una simple y pequeña palabra: Orgullo.

Hemos crecido en una sociedad en la que las historias ponderan al "underdog", a aquél que lucha de manera incansable contra todo obstáculo para poder alcanzar su sueño. Nos victimizamos ante el hecho de que el jefe nos habla feo, de que la supervisora nos encarga mucho trabajo, de que el project manager tiene preferidos. Soñamos con poder demostrar nuestra valía y callar las bocas que nos han señalado. Orgullo fusionado con narcisismo. ¿Será?


Y sin embargo, la tasa de insatisfacción laboral en el llamado "Mundo Godín" va siempre incrementándose. Las largas horas de trabajo, la mala alimentación, el caos vial y el exceso de carga laboral son parte de los puntos referidos por aquellos que están molestos con su trabajo. A pesar de ello, vivir en un país en el que la tasa desempleo se mantiene por los aires, provoca que cierto tipo de gente prefiera acudir a sus espacios laborales con una mala cara, que renunciar de una vez por todas y buscar nuevos aires.


Sea como fuere, hoy me he levantado con unas ganas tremendas de no acudir al trabajo. Hoy he elegido sentirme víctima. Y, tristemente, me tragué mi orgullo y acudí a trabajar porque la renta no se paga sola. 

Comentarios

Julian Aguilera dijo…
Hace ya un par de semanas que para mí todos los días son lunes y es terrible esa sensación porque si me gusta mi trabajo, me gusta lo que hago pero ya me di cuenta que crecer ahí será muy complicado.
Octavio Garcia dijo…
¿Realmente estas dónde debes estar?
Creo que muchos pasamos por lo mismo.
Cierto empresas siempre se aprovechan de la necesidad de las personas, y lamentablemente es en lo ultimo que piensan ósea en la gente.
El estrés laboral me llevo a tener que tomar calmantes, y fue justo en ese momento que me sentí mucho peor.
Nadie me entendió, y veía como muchas personas estaban como si nada haciendo nada, a lo que dije ¡a chingar su madre! Es decir también hice concha. Pero si puse un alto a mi jefe inmediato con fundamento legal sin perder la cordialidad.
Todos tenemos necesidad y ciertamente nadie deja su trabajo y menos ahora sin tener algo seguro.
¿por que no pones tu propia empresa o negocio?
Si estas pensando en salirte capacítate, y de ahí emprende y ahorras antes de salir.
El confort siempre es mas rico, hasta que las condiciones cambian.

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