Me rindo. Demasiada es la injusticia, demasiada es la tortura, demasiado se siente su vigor, demasiada su fortaleza. Huelo su putrefacción, la huelo con detenimiento, asqueando a mi ser, recordándome su procedencia, lacrimandome los ojos irritando mi empolvada piel.Aroma que deambula por todos los lugares, que recorre las aceras y que penetra por las ventanas, aflora ante los ojos convulsantes de los pocos. Me rindo ante tí, engaño seguro, que desmoronas mi familia, que subyugas a mi ser, que envuelves y desgarras a mi alrededor. Podría continuar peleando con exalto ante sus feroces abatidas, debería en cierto caso, no obstante mi cansada rigidez me impide sostener con ahínco la espada de la verdad, del amor, de la bondad. Esa espada que he cargado durante mucho tiempo, con detrimento, con pesadez, esa espada que justo ahora no aguanto, pues su peso tuerce mis entrañas, encorva mi camino. Limpiamente he observado el comportamiento de aquellos que no merecen ni tan solo el céntimo de b...
Llegando cálidamente al pináculo de las extravagancias, descubrí (por mera casualidad insustancial) que la película kilómetro 31 -aquella mexicana típica de terror, con errores cinematográficos y de guión- era basada en una historia verdadera, ocurrida en la década de los noventas. Modestia aparte, al parecer los sucesos tergiversaban lo verdaderamente absurdo de tal relato, cayendo en una serie de contradicciones símiles a las que se acostumbran a tener en estos casos cine-realidad. Con tal de destapar la densa nube que envuelve a este hecho, me dí a la tarea de crear una hipótesis de lo ocurrido realmente en aquél mítico kilómetro: Era una densa y tenebrosa noche, nítida y consumada. Un tipo se encontraba enmedio de una carretera, esperando a pedir un aventón a cualquiera que pasara por ese lugar. Poco a poco la densidad en el ambiente tergiversó en una tremenda tormenta, empapando al pobre sujeto, el cual maldecía su estúpida suerte. La espera era en vano pues nadie pasaba por aquél...
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